Porque me volví más humilde ?
Por qué me volví más humilde después de adquirir el diagnóstico de trastorno bipolar
Quizás el trastorno bipolar no solamente cambió mi manera de entender la vida. Quizás también me hizo más humano.
Antes de todo esto, muchas veces vivía mirando la vida desde afuera. Veía cómo los demás avanzaban, compraban sus cosas, salían a cenar, viajaban, construían sus proyectos y parecían tenerlo todo bajo control. Mientras tanto, yo sentía que estaba detenido.
Llegué a pensar que todos eran mejores que yo.
Mi autoestima llegó a estar tan abajo que muchas veces me sentí como si no valiera nada al lado de los demás. Mientras veía avanzar a medio mundo, yo sentía que todos progresaban menos yo. Y quizás ahí estaba una de mis grandes equivocaciones: estaba comparando mi vida con la imagen que los demás mostraban de la suya.
Hoy entiendo que aquella realidad era, en gran parte, una ilusión.
Llegué a tocar fondo. Y cuando uno toca fondo, muchas de las cosas que antes parecían importantes dejan de tener sentido.
Recuerdo decirles a mis hermanas que quizás yo estaba en este mundo simplemente para contemplar la vida pasar. Pensaba que quizás no ocurriría nada extraordinario conmigo. Incluso podía encontrar belleza en cosas extremadamente simples: observar una chinita, esos pequeños bichitos rojos con pintas negras o blancas, y pensar que quizás mi papel en este mundo era simplemente estar aquí para contemplar esas pequeñas maravillas.
Y, curiosamente, hoy esa idea ya no me parece tan triste.
Porque quizás ahí descubrí algo que antes no podía ver: la vida no necesita ser espectacular para tener valor.
Hubo momentos muy oscuros. Busqué escapar de la realidad de distintas maneras y llegué a tener pensamientos que hoy miro desde otra perspectiva. En esos momentos mi mente me hacía creer que no había salida.
Pero aquí estoy.
Y eso significa algo.
Durante mucho tiempo pensé que las pruebas que me tocaban eran una especie de castigo. Hoy prefiero mirarlas como pruebas que me obligaron a descubrir una fortaleza que ni siquiera sabía que tenía.
Pensé que era débil.
Y resultó que era mucho más fuerte de lo que yo creía.
Quizás por eso me volví más humilde.
Porque cuando uno ha estado arriba y también ha conocido el suelo, aprende que nadie es completamente invulnerable. Aprende que detrás de una persona que parece tenerlo todo puede existir una batalla que nadie conoce.
Aprendí a mirar a los demás de otra manera.
Ya no necesito sentir que tengo que ser mejor que todos.
Ya no necesito demostrar constantemente cuánto valgo.
Y tampoco necesito sentirme menos porque alguien tenga un automóvil, una casa, dinero, una empresa, una pareja o una vida aparentemente perfecta.
Cada persona está viviendo una historia diferente.
La comparación puede convertirse en una trampa.
Y yo estuve atrapado mucho tiempo en ella.
Entonces, un día, mientras escuchaba la radio, comenzó a sonar “Higher Power” de Coldplay.
Y tuve una sensación muy particular.
Pensé: quizás sí existe dentro de mí un poder que todavía no conozco completamente.
No hablo necesariamente de un poder sobrenatural. Hablo de esa fuerza interior que aparece cuando crees que ya no puedes más y, sin embargo, al día siguiente vuelves a levantarte.
Salí del oasis rasguñando.
Pero me puse de pie.
Y eso, para mí, ya es una victoria.
Hoy puedo decir que la vida es hermosa.
No porque sea fácil.
La vida nunca prometió ser fácil.
Es hermosa porque incluso después de los períodos que parecen un infierno, puede aparecer nuevamente un poco de luz. Porque podemos reconstruirnos. Porque podemos aprender. Porque podemos cambiar nuestra manera de mirar el mundo.
Quizás durante algunos años sentí que estaba perdido.
Quizás pensé que mi historia había terminado antes de comenzar.
Pero aquí estoy, como el ave fénix.
Y quizás esa será siempre mi manera de vivir: ir de menos a más.
Caer.
Aprender.
Levantarse.
Volver a intentarlo.
Y seguir caminando.
Porque quizás la verdadera fortaleza no consiste en nunca tocar fondo.
Quizás consiste en tocar fondo y descubrir que todavía tienes fuerzas para volver a subir.
Hoy soy más humilde porque conozco mis propias fragilidades.
Y, al mismo tiempo, soy más consciente de mi propia fuerza.
El trastorno bipolar forma parte de mi historia, pero no es toda mi historia.
Soy mucho más que un diagnóstico.
Soy el hombre que cayó, que tuvo miedo, que se sintió pequeño, que se equivocó, que buscó escapar, que tocó fondo y que, aun así, decidió volver a ponerse de pie.
Y mientras pueda seguir contemplando una chinita caminar sobre una hoja, escuchar una canción en la radio o simplemente despertar una mañana y decir “aquí estoy”, entonces todavía hay vida por delante.
Y mientras haya vida, todavía existe la posibilidad de comenzar nuevamente.
Se despide amorosamente,
El querido señor Holmes
Comentarios
Publicar un comentario