El despido de un amor no correspondido

El término de una historia de amor que nunca se materializó

Hay historias que no nacen en lo físico, ni en lo cotidiano, sino en lo invisible. Historias que comienzan en lo virtual, pero que logran tocar fibras reales del alma. Esta es una de ellas.

Todo se remonta al año 2017, un año que marcó un antes y un después en mi vida. Recuerdo con claridad aquel momento en la catedral, cuando una figura que yo llamo “mi ángel” me dijo que “las cosas más maravillosas iban a ocurrir en mi vida”. En ese entonces, no comprendía del todo el alcance de esas palabras, pero con el tiempo entendí que algunas de esas “maravillas” no siempre llegan en forma de permanencia, sino de aprendizaje.

Fue en ese contexto donde conocí a Ivy Sansaet, una chica de Filipinas. Nuestro encuentro fue virtual, a través de una plataforma llamada Oasis, un espacio que, siendo honesto, estaba lleno de incertidumbre y perfiles poco confiables. Pero entre todo eso, apareció ella.

Ivy era distinta. Sensible, reservada, de bajo perfil. No destacaba por ambiciones grandilocuentes, sino por una forma de ser más simple, más humana. En aquellos días, su compañía fue importante para mí. Me apoyó, me escuchó y, de alguna manera, dejó huellas que aún hoy recuerdo.

Hubo momentos que me marcaron profundamente, no tanto por lo que ocurrió, sino por cómo se interpretaron. Conversaciones donde ella percibía cosas que yo mismo no lograba dimensionar. Algunas coincidencias, algunas intuiciones… detalles que en su momento tomaron un significado especial.

Con el paso del tiempo, la distancia empezó a pesar. Nuestras vidas tomaron caminos distintos. Ella terminó en Arabia Saudita, un entorno completamente diferente, con otras normas, otra cultura, otra forma de ver la vida. Y lo que alguna vez fue conexión, comenzó a diluirse.

Nuestra relación nunca logró materializarse en el mundo real. Y siendo sincero, también hubo momentos donde yo mismo sentí que no estaba a la altura. Quizás ella buscaba estabilidad, claridad, una visión más concreta. Mientras tanto, yo atravesaba procesos internos, cambios, crecimiento.

Con el tiempo, evolucioné. Cambié mi forma de pensar, mis metas, mi ambición. Pero ese cambio también trajo distancia. Un día intenté retomar el contacto con un simple “hola”… y no hubo respuesta.

Ese silencio también es una respuesta.

Hoy no lo veo con tristeza, sino con claridad. Entiendo que hay personas que llegan a tu vida para cumplir un propósito específico, no para quedarse. Ivy fue una de ellas.

No guardo rencor, ni nostalgia destructiva. Solo gratitud.

Gracias, Ivy, por haber sido parte de un momento importante en mi vida. Por lo bueno, por lo aprendido, por lo vivido, aunque haya sido a la distancia.

Cierro esta etapa con respeto y paz. Dejando espacio para lo que viene. Para lo real, para lo concreto, para un amor que no solo se sienta, sino que también se construya.

Y si algún día nuestros caminos se cruzan en persona, no será desde la ilusión de lo que pudo ser, sino desde el reconocimiento de lo que fuimos: dos seres humanos que coincidieron en el momento justo.

Hoy doy permiso a que llegue ese amor verdadero.

Y todo esto lo dejo en manos de Dios.

Amén.

Atentamente,
Víctor Jesús

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