un despertar de conciencia rápido, lento pero muy intenso Parte 1!
Un Proceso de Despertar: Rápido y Lento, pero Intensamente Transformador
Fecha de publicación: 11 de agosto de 2025
Autor: Víctor Jesús
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Introducción
Agosto siempre será un mes especial para mí. En 2017, por tercera vez, me fui a vivir a Santiago de Chile. Sin saberlo, ese viaje se convertiría en un punto de inflexión en mi vida: una experiencia mística y emocional que, hasta hoy, sigue marcando mi camino.
Durante ocho días, del 1 al 8 de agosto, viví encuentros y sucesos que parecían sacados de una novela espiritual. Aunque no revelaré cada detalle, aquí comparto los momentos más intensos y reveladores.
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El encuentro en la Catedral
En la Catedral, un hombre se acercó y me preguntó:
—¿Me podrías decir si las flores de ahí son verdaderas o falsas?
Le respondí:
—Podrían haber tantas flores verdaderas como falsas.
Se sentó a mi lado, se presentó como un ángel, me llamó por mi nombre y me dio un mensaje que nunca olvidaré:
> “Las cosas más maravillosas van a pasar en tu vida”.
Me abrazó, me dijo que me quería, y yo me fui con una sensación eufórica. En ese instante podía sentir la energía de todo a mi alrededor… incluso de los árboles.
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Ivy y el extraño mensaje
En la red social Oasis conocí a Ivy, de Filipinas. La conexión fue inmediata. Al día siguiente, ella me contó que un hombre desconocido le habló mal de mí, incluso con obscenidades, para convencerla de dejarme.
Él afirmó estar en mi ciudad y le advirtió que tuviera cuidado. Ivy, firme, me aconsejó:
> “Ve a ducharte y anda a tu trabajo”.
Yo iba hacia la Biblioteca Nacional. Antes de salir, pensé: “Este es Satanás”. Caminé rezando el Padre Nuestro hasta que, cerca del metro, alguien gritó:
—¡CÁLLATEEEEE, CHÚPALO!
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Mensajes en la Iglesia
Entré a una iglesia en la Alameda y le dije a un niño que cuidaría los árboles del planeta del futuro. A una señora le dije que el líder de la luz estaba en la Tierra. Ella lloró.
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Conversaciones inesperadas
En Tinder conocí a una mujer que me preguntó por mi trabajo. Le conté que había renunciado a Quintec, Providencia, y que estaba feliz.
—¿Por qué? —preguntó.
—Porque ahora sí que voy a descentralizar el mundo —respondí sin entender por qué lo dije (aunque ahora lo sé).
Ese mismo día, en la Biblioteca, un hombre me señaló y dijo:
> “Tú… contigo quiero conversar”.
Me habló de conspiraciones, me dijo que “los masones” me matarían en Concepción y antes de irse me dejó una frase inquietante:
> “Ahora vas a saber lo maldito que tiene la vida”.
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El viaje y la visión final
Con miedo y paranoia, fui al terminal de buses y viajé hasta Chillán. Mi familia me llevó al Hospital Las Higueras. Allí, en medio de la tensión, vi a un ser encapuchado sin rostro frente a un ordenador. Pensé que había infectado al mundo con un malware de día cero.
Cuando el médico me iba a inyectar olanzapina, antes de perder el conocimiento, tuve una visión: un mundo cubierto de árboles y yo, viajando en una nave espacial, dejando atrás mi misión en la Tierra.
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Cierre
Son las 00:18 a.m. Cuando despierte, compartiré la segunda parte de esta historia.
Se despide,
Víctor Jesús
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