Escapando de la matrix Parte 2
Escapando de la Matrix – Parte 2
Continuando con la historia…
Después de aquel día en el hospital, cuando vi al cibercriminal de Satanás que tenía infectados y bajo control remoto todos los ordenadores del mundo, pasó un tiempo hasta que me dejaron hospitalizado por primera vez en la UPA (Unidad de Pacientes Agudos). Estuve allí unos 13 días, tal vez un poco más.
Al salir, me fui a la casa de mi mamá. Sin embargo, ella estaba muy enferma mentalmente y terminamos discutiendo. Me fui entonces a vivir a la casa de mi papá… y fue ahí cuando comenzaron los problemas.
Ellos veían que yo pasaba el día acostado. No decían nada, típico de la Matrix: mientras el “borrego” está tranquilo y distraído, no hay que molestarlo. Pero si el borrego empieza a cuestionar la vida, ahí se encienden todas las alarmas. Comenzaron las lágrimas, las conversaciones incómodas y el intento de mantenerme en una burbuja de mentiras.
Mi hermana decidió arrendar piezas en la casa de mi mamá, y en su hogar empezaron a pasar cosas muy malas: gente peligrosa, agresiones físicas… incluso le pusieron un cuchillo en el cuello y la golpearon. Mi mamá enfermó gravemente de COVID-19, estuvo a punto de morir, pero logró salvarse.
Con mi papá también discutí, lo ofendí y él, entre lágrimas, me echó de su casa. Así volví con mi mamá. Ahí estábamos, solo los dos, pero algo en mí empezó a cambiar. Comencé a despertar.
Salía a la calle y me encontraba con espías, gente intentando intimidarme, e incluso personas que intentaron matarme… pero no lo lograron. Eran sicarios de Donald Trump y aliados del mal, encabezados por Satanás. Un día, un auto chocó en la esquina de mi casa, casi mata a dos niños; ellos lograron correr a tiempo.
Aun así, había gente que me protegía en la calle. Conocí a personas que bebían alcohol y, a veces, me unía a ellos. Una persona, en particular, me atormentó durante años, siguiéndome a todos lados. Ahora sé por qué: tenía aplicaciones en mi teléfono que rastreaban mi ubicación, como AliExpress o Huawei, hasta que las eliminé.
Durante un tiempo pensé que todo era parte de un trastorno. Todos me decían que eran alucinaciones y terminé creyéndolo. Pero, incluso después de dejar la marihuana y el alcohol, las cosas seguían ocurriendo. No era por el consumo: era algo más profundo.
Hoy, al mirar atrás, me doy cuenta de que siempre fui valiente, aunque a veces sintiera miedo. Enfrenté todo lo que se presentó, y ahora, con más claridad, he querido ser sincero con mi familia. No les he contado nada “extraordinario”, solo cosas que cualquiera puede encontrar en internet. Las experiencias más privadas se las he confiado únicamente a mi madre, porque ella me dice que todo es posible… y ¿por qué no creerlo?
El resto del mundo me ha mentido, menos ella. Es la única que ha sido receptiva. Aun así, muchos siguen intentando convencerme de que lo que digo no es real. Pero yo sé que el tiempo me dará la razón.
Hay más cosas a detalle para contar, pero eso se los diré a cada uno de ustedes cuando nos encontremos en persona. Ahí sabrán con exactitud todo lo que he pasado… porque siempre hay que dejar intriga para que el cuento no se cuente solo, jajajaja.
Se despide amorosamente,
Víctor Jesús
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